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Notas del editor

Bienvenidos al primero de dos números de Sonic Ideas/Ideas Sónicas titulados Música en el Holodeck e inspirados por el libro seminal de Janet Murray titulado Hamlet on the holodeck: the future of narrative in cyberspace (1997). Murray expone nuevas posibilidades que los medios virtuales han abierto a las artes literarias; tomando como metáfora e inspiración el holodeck – un ambiente computadorizado empleado en la creación de realidades virtuales multi-sensoriales que no pueden ser distinguidas del mundo físico; apareciendo en la famosa serie Viaje a las Estrellas: La Nueva Generación (Star Treck: The Next Generation, Roddenberry et al, 1987- 1994). Murray también describe varios proyectos que considera pasos esenciales en la evolución de nuevas formas artísticas, desde la emulación del comportamiento humano a los simuladores multi-usuarios (MUDs), los juegos de rol, la improvisación y la exploración de alter-egos en ambientes virtuales.

Un aspecto interesante de la metáfora del holodeck es que es aplicable a otros campos artísticos, incluyendo la música. Por ejemplo, no es difícil imaginar que en un futuro no lejano la composición audiovisual se convierta en forma artística tridimensional e interactiva (la proyección de sonido ya es tridimensional), con participantes reales y virtuales que incluyan tanto al público como a interpretes más tradicionales que aparezcan en el escenario.

Aunque no es seguro que el holodeck se convierta algún día en realidad, no cabe duda que los avances tecnológicos rebasen el mero enriquecimiento de la paleta del artista, y que ejerzan una gran influencia sobre la manera en la que percibimos y nos relacionamos con el arte, así como sobre su constitución y los medios usados en su creación. Estos avances no solo posibilitan la aparición de nuevas expresiones y formas artísticas sino también son causa de la evolución de formas existentes, y esta evolución no es siempre tan solo un asunto de contenido, técnica y presentación, pero más bien de alcance; podemos tomar como ilustración de estos procesos la consolidación de la ópera en la época de Monteverdi y su evolución hacia el gesamtkunstwerk Wagneriano. Es más, el fin del siglo veinte y el comienzo del veintiuno han presenciado una aceleración sin precedente en el desarrollo de la tecnología; una proliferación de medios electrónicos que requirió la revisión ontológica de contenido, figura y fondo llevada a cabo por McLuhan (McLuhan and Powers, 1989) e incitó la proclamación de Attali acerca de la venida de la ‘era de la composición’ (Attali, 1985).

¿Estaremos al borde de la instauración de nuevas formas artísticas? ¿Será posible que el incremento de la velocidad de transmisión binaria propicie una creatividad novedosa? ¿Es factible que YouTube, Second Life, Twitter y Facebook encubran holodecks incipientes? ¿Encontraremos futuros paradigmas y plataformas musicales en los mecanismos de los videojuegos? ¿Estaremos convirtiendo las salas de concierto tradicionales en reinos virtuales y será posible que éstos últimos terminen remplazándolas? ¿Cuáles son las perspectivas de las expresiones artísticas que ya conocemos, la forma en que son presentadas y los rituales que han preservado (ej. la tradición de la sala de conciertos), desde puntos de vista financieros, sociales y/o estéticos? Estos son tan solo algunos de los dilemas que los músicos y el público tienen que confrontar. Además, ¿será posible que la misma diferencia entre músicos y público se esté erosionando, o por lo menos esté siendo redefinida como resultado de los cambios ocasionados por avances tecnológicos?

Música en el Holodeck aborda varias de estas preguntas, presentando una variedad de perspectivas que pueden ser categorizadas en tres secciones: visiones, ontologías y formas incipientes. El número presente incluye las dos primeras secciones, mientras que el próximo número incluirá la tercera. Visiones consiste de textos que ofrecen perspectivas amplias del presente y el futuro de la forma y contenido artísticos, sus manifestaciones sociales, e – importantemente – sus implicaciones ambientales. Éstas son discutidas elocuentemente en artículos comisionados especialmente para este número, teniendo como autores dos de los más venerados creadores y pensadores de la comunidad internacional: Ricardo Dal Farra considera las posibilidades que los cambios tecnológicos y sociales han puesto a nuestro alcance, recordándonos que no es solo cuestión de construir el holodeck pero más bien de saber por qué y para qué queremos construirlo. Por otro lado, Leigh Landy examina el ‘futuro no muy distante’ de la creatividad sonora, en el contexto tres temas que lo han ocupado por muchos años: el paradigma de la música de sonoridad1, acceso por medio de un bucle de intención/recepción2, y formas nuevas de diseminación que han de completar la transición del ‘laboratorio’ y su público bien informado a comunidades mucho más extensas.

La segunda sección considera cuestiones ontológicas que son de relevancia a lo virtual, al arte y la tecnología, y a la interdisciplinaridad artística. Los dos primeros textos demuestran que lo virtual ya existía antes de la era digital. Ana Carvalho and Marc Behrens proponen que lo virtual como concepto tecnológico junto con lo físico forman una sola entidad: lo vireal. Además, la conjunción de nuestras nociones de lo vireal y el uso de la tecnología afectan las narrativas de nuestras vidas, que a su vez están conectadas y entretejidas con las narrativas de otra gente. El texto en si consiste de dos narrativas entretejidas: una de ellas discute los procesos descritos previamente y la otra es la narrativa de un muchacho de 14 años en la que se encarnan empíricamente esos mismos procesos. Simon Shaw-Miller explora lo virtual por medio de la representación de la música en las bellas artes en las modalidades de trompe l’oeil (engatusando al ojo a que crea que la superficie bidimensional contiene objetos reales tridimensionales) y el cubismo.

Jose Luis García Nava descubre ‘la relación de inmediatez que existe entre el movimiento corporal y la dinámica de la forma artística’; tomando como punto de partida una fotografía que muestra a Jackson Pollock en el momento en que derrama pintura sobre el lienzo y un diagrama de Rudolph Laban. Carlos López Charles contribuye a esta discusión interdisciplinaria con su examen de la idea de transducción entre imagen y sonido, como proceso a través del cual uno de los medios es trasmitido al otro; transformándose a la vez como consecuencia de su interacción con este último. Este examen es llevado a cabo desde varios puntos de vista, incluyendo la fisiología cerebral, el concepto de isomorfismo, las metáforas de herencia genética y del cuerpo humano, y la semiótica. Finalmente, judsoN vuelve a dirigir la discusión en torno a la música, sugiriendo un enfoque más amplio que el existente por separado en las varias disciplinas que la estudian: ‘el audio ingresa a nuestro cerebro a través de los oídos, mas después de entrar sigue muchas trayectorias, y no todas terminan en la percepción del sonido...Por eso, necesitamos una disciplina que abarque esta ancha funcionalidad neural’. Sugiere así el término neuroacústica como nombre de aquella disciplina que, además de preocuparse de la psicoacústica, también incluye cuestiones lingüísticas, culturales, sociales y filosóficas.

Edgar Valcárcel – In Memoriam

El 10 de Marzo de 2010 la comunidad musical recibió la triste noticia del fallecimiento de Edgar Valcárcel Arze, uno de los grandes compositores y pioneros musicales peruanos de los siglos veinte y veintiuno. Valcárcel dejó una huella indeleble en aquellos que lo conocieron, que se refleja en las palabras conmovedoras escritas por amigos, alumnos y colegas. Es un gran honor poder dedicar una sección especial de este número a la memoria del maestro Valcárcel.
 
Sin duda, habrá alguna repetición en los datos incluidos en los textos: eso es inevitable. No obstante, decidimos no editar esta redundancia a favor de preservar el espíritu e integridad de cada contribución. La primera de éstas es un recuento sincero narrado por su amigo y colega Mesías Maiguashca, destacado compositor que también perteneció junto con Valcárcel al grupo selecto de compositores jóvenes que fueron becados a principios de los años 60 por el CLAEM (Centro Latinoamericano de Altos Estudios Musicales), Instituto di Tella. Las tiernas palabras de Maiguashca incluyen anécdotas personales así como las voces de otros amigos del ‘di Tella’. Manuel de Elías, fundador y presidente del Colegio de Compositores Latinoamericanos de Música de Arte aporta una delicada elegía en nombre de amigos y colegas pertenecientes a la institución que preside. A continuación el lector encontrará reseñas biográficas cortas esbozadas por dos prominentes compositores peruanos: José-Carlos Campos, que fue alumno de Valcárcel, y Nilo Velarde, uno de los miembros principales del Círculo de Composición del Perú (Circomper). Sadiel Cuentas, también miembro principal de Circomper, complementa los textos anteriores con un enfoque en la inmensa contribución de Valcárcel a la vida musical y cultural del Perú; siendo campeón de la música nueva y, al mismo tiempo, estando en constante búsqueda de un intenso vínculo ‘telúrico’ con el rico patrimonio musical de su país.

Finalmente, quiero expresar mi gratitud a la familia de Edgar Valcárcel, y en especial a su hijo Fernando, por su pronta respuesta a la solicitud de una foto de Edgar y el permiso para publicarla en este número.

Rajmil Fischman

1 Traducción mía del original sound-based music paradigm.
2 Traducción mía del original intention/reception loop.

 

Editors notes

Welcome to the first of two issues of Sonic Ideas/Ideas Sónicas entitled Music in the Holodeck and inspired by Janet Murray’s seminal book Hamlet on the holodeck: the future of narrative in cyberspace (1997). Murray discusses the possibilities opened to the literary arts by the advent of virtual media; taking the holodeck as inspiration and metaphor – an environment that creates multi-sensorial virtual realities indistinguishable from the physical world; featured in the well know series Star Treck: The Next Generation (Roddenberry et al, 1987- 1994). Murray also describes a number of projects which she considers to be milestones in the evolution towards new forms, from simulated human behaviour to multiuser domains (MUDs), virtual role play, improvisation and exploration of alter-egos in virtual environments.

Interestingly, this metaphor has become increasingly applicable to other art forms, including music. For instance, it is not difficult to imagine the evolution of audiovisual composition into a three dimensional interactive art form (sound projection is already threedimensional), with real and virtual participants that include audiences as well as more traditional stage performers.

Whether the holodeck is ultimately achievable or not, there is no doubt that the impact of technological advances on the arts has always reached beyond the enrichment of the artist’s palette, influencing the way in which we approach and relate to the arts, as much as the choice of constituents and media used in the creation of works. Advances have not only enabled the appearance of new art forms but also caused existing forms to evolve, and this evolution has not always been a straightforward matter of content, technique and delivery but also a change of scope; for instance in the consolidation of opera in Monteverdi’s days and its evolution into the Wagnerian gesamtkunstwerk. Furthermore, the late twentieth and early twenty first centuries have seen an accelerated rate of technological development; a proliferation of electronic media which prompted McLuhan’s revision of the ontology of content, figure and background (McLuhan and Powers, 1989), and incited Attali to proclaim the advent of a future ‘era of composition’ (Attali, 1985).

Are we at the verge of the emergence of new art forms? Are increasing bit rates in the virtual highway propitiating new creativity? Do YouTube, Second Life, Twitter and Facebook conceal incipient holodecks in their midst? Do videogames embody future musical performance paradigms and platforms? Are there any paradigms and strategies particular to time-based media composition? Are the traditional performance arenas being expanded to virtual realms and is it feasible that the latter will replace the former? What are the prospects for the continuation of existing art forms, and their delivery and accompanying rituals (e.g. the concert hall tradition), from financial, social and/or aesthetic points of view? These are only a few of the many questions facing musicians and audiences. In fact, is it not possible that the division between musicians and audiences is being eroded, or at least redefined?

Music in the Holodeck tackles a number of these questions, presenting a variety of perspectives which can be categorised into three sections: visions, ontologies and incipient forms. The present issue includes the first two sections, while the forthcoming issue will include the third. Visions consists of texts that offer a wide perspective of the present and the future of artistic form and content, their social manifestation, and - very important – their environmental implications. These are discussed eloquently in articles especially invited for this issue and written by two of the most respected international creators and thinkers: Ricardo Dal Farra considers the possibilities open by technological and social changes, reminding us that it is not a matter of just building a holodeck but rather knowing why we want it and what it is for. On the other hand, Leigh Landy examines the ‘not so distant future’ of sonic creativity in the context of three intertwined issues which have occupied him for many years: the sound-based music paradigm, access by means of an intention/reception loop, and new forms of dissemination completing the move from the ‘laboratory’ and its associated well informed public to much broader communities.

The second section considers ontological issues relevant to the virtual, art and technology, and artistic interdisciplinarity. The first two articles show that the virtual is a concept predating the digital age. Ana Carvalho and Marc Behrens propose that the virtual as a technological concept together the physical form a single entity: the vireal. Our notions of the latter, in conjunction with our social settings and use of technology affect the narratives of our lives, which connect and interweave with other people’s narratives. The article itself is presented as two narratives that interweave: a discussion of the processes described above and the story of a 14 year old boy, who embodies them empirically. Simon Shaw-Miller explores the virtual by considering the representation of music in the visual arts through the modes of trompe l’oeil (tricking the eye to believe that a two-dimensional surface contains three-dimensional real objects) and cubism.

Jose Luis García Nava uncovers a ‘relationship of immediacy between bodily movement and the dynamics of artistic form’; taking as a point of departure a photo showing Jackson Pollock as he splashes colour on the canvas and a diagram by Rudolph Laban. Carlos López Charles contributes to this interdisciplinary discussion by examining transduction between image and sound, a process by which one of the media is transmitted to the other; being also transformed as a consequence of coming into contact or interacting with the latter. This is considered from several points of view, including brain physiology, the concept of isomorphism, metaphors for genetic inheritance and for the body, and semiotics. Finally, judsoN focuses back on music, suggesting an approach that is wider than that offered by existing individual disciplines: ‘Audio enters the brain through the ears, but after then it follows many paths, and not all end in the perception of sound ... Therefore, we need a discipline that encompasses this wider neural functionality’. He suggests the term neuroacoustics for such discipline which, in addition to psychoacoustic concerns, also encompasses linguistic, cultural, social and philosophical issues.

Edgar Valcárcel – In Memoriam

On 10 March 2010 the sad news spread through the music community that Edgar Valcárcel Arze, one of the great Peruvian composers and contemporary music pioneers of the twentieth and twenty first centuries had passed away. Valcárcel left an indelible mark on all those who knew him, as reflected in the moving words written by friends, pupils and colleagues. It is an honour to be able to dedicate a special section of this issue to maestro Valcarcel’s memory.

No doubt, redundancy in some of the data provided by each contribution is inevitable. However, it was decided not to edit it out in order to preserve the spirit and integrity of each of the texts. The first of these is a candid account of Valcárcel’s trajectory by his friend and colleague Mesías Maiguashca; prominent composer who, together with Valcárcel, was member of the small group of selected young composers who received awards to study at CLAEM (Latin American Centre of Higher Musical Studies), Instituto di Tella, in the early 1960s. Maiguashca’s words are tender and personal, including anecdotal episodes and the voices of other friends from the ‘di Tella’ group. Manuel de Elías, founder and president of the College of Latin American Composers of Art Music, provides a delicate elegy on behalf of friends and colleagues from the institution he presides. Short biographical notes follow by two established Peruvian composers: José-Carlos Campos, who studied with Valcárcel, and Nilo Velarde, one of the leading members of the Peruvian Composition Circle (Circomper). Sadiel Cuentas, another leading member of Circomper, complements the previous texts by focusing on Valcárcel’s immense contribution to the musical and cultural life in Peru; championing new music while at the same time searching for an intense ‘teluric’ bond with the rich musical heritage of his country.

Finally, I would like to thank Edgar Valcárcel’s family, and his son Fernando in particular, for responding promptly to the request for Edgar’s photo and for their permission to publish it in this issue. 

Rajmil Fischman