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Vol3 No.2
ISSN 2317-9694

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Huey Mecatl, Habitando el Instrumento
Por/By: Rodrigo Gardea-Montiel

 Huey Mecatl1, Habitando el Instrumento

En estos tiempos en los que se discute mucho en torno a la supuesta crisis y acaso el destino de la Música de Concierto, hay claros ejemplos de que el empeño de los jóvenes creadores y los grupos audaces, sigue no sólo generando nuevos públicos sino que además afianza lo que a la postre será una audiencia asidua. Una nueva perspectiva reluce en el horizonte del presente de la Música Académica pues la acusmática, electroacústica mixta, concreta, improvisada y experimental, ha demostrado atraer una nutrida masa de seguidores que parecieran romper con el caduco paradigma de que la música contemporánea es sólo comprendida o en todo caso, por lo menos seguida sólo por músicos -entendidos- o doctos en el tema. Ya lo dijo el compositor anglo argentino, Alejando Viñao en la edición pasada de Instrumenta Contemporánea2, ‘La orquesta es un museo y para que un museo resulte atractivo, tiene que presentar propuestas que atraigan a la gente y las nuevas formas de intentar hacer música son las que propiciarán o no, la germinación de un público perenne’.

-“¿Ya fuiste a lo de los contenedores?”-me preguntó una compañera de mi clase de portugués en el CELE-UNAM3, estudiante de medicina y por lo que sé, con un conocimiento ciertamente limitado en torno a la música del avant-garde.

- “Parecía que había que llevar guaraches4 y estar despeinado para ir” - acotó emocionada entonces otra compañera, estudiante de arquitectura.

Lo primero que pensé fue que era grato efectivamente, darme cuenta de la irrigación y la permeabilidad que un evento fresco como Huey Mecatl promueve dentro de la juventud, atrayendo un público que se antoja harto plural.

Conmovido e intrigado por las múltiples referencias hacia dicho evento, llegué puntual (con guaraches y despeinado) en compañía de unos amigos, a la última presentación de la instalación. Al llegar constaté en primer lugar la larga fila que había que hacer para “ingresar” al instrumento. Una vez que hubimos llegado a la mitad del recorrido, se nos informó que simplemente no alcanzaríamos a entrar debido al sobrecupo: la buena noticia fue que inmediatamente al término del recital, realizarían una segunda función al vapor a manera de síntesis de lo presentado anteriormente. Como no nos fue imposible ingresar al instrumento desde el principio, nos quedamos a presenciar el concierto desde las gradas y, cosa curiosa, que pese a que la gente se percibía emocionada, ésta no estaba demasiada atenta y parecía que asistíamos más bien a un espectáculo popular, casi un partido de fútbol, por citar un ejemplo, donde los cigarros y raspados5 compartían con los perros y las familias el entorno mágico que se fue generando a partir de la nueva sonoridad del instrumento. Al fin y al cabo éramos, ellos adentro y nosotros afuera, dos mundos diferentes en un mismo espacio. El tiempo que pasamos escuchando desde afuera lo que acontecía en el interior del instrumento, ese gran microcosmos, lo aproveché para hacer un esbozo gráfico a partir de la primera música que se interpretó (vea la figura 1).

 


Fig. 1 Esbozo gráfico a partir de la primera música que se interpretó en Huey Mecatl

La naturaleza de la música suscitó que fuera difícil seguirle desde afuera, pues coexistieron con ella múltiples interferencias, desde ruidos del entorno hasta el feedback que en determinado momento provocó el audio amplificado, produciendo por unos segundos un notorio y ensordecedor fenómeno de enmascaramiento.

Sin duda, la revelación de la tarde (que para ese entonces ya iba bastante avanzada) fue cuando, después de volver a formarnos, pudimos entrar al instrumento. Fue ahí donde me di cuenta de su importancia; sólo habitándolo, pude percibir la magia que logró llevar a casi todos los habitantes de nuestra gran Hamelín hacia las islas que pueblan el mar verde de la Ciudad Universitaria.

La clave del fenómeno Huey Mecatl no es pues la música en sí misma sino el concepto global como tal. Es de agradecerse el esfuerzo artístico de un grupo de jóvenes mexicanos para gestar la iniciativa de un proyecto de tal magnitud y calidad pues la integración del instrumento con su medio es lo que une al público con la música que casi de inmediato pasa de ser nueva y ajena a ser propia; intérpretes e instrumento son una misma cosa y también es cierto, que la audiencia y el instrumento son una misma entidad de interacción. Siempre he creído que la orquesta sinfónica es una suerte de cajita musical enorme, donde un intérprete guía a los ejecutantes hacia un mismo fin hermenéutico. Acá sucede una dinámica que se antoja similar, Huey Mecatl es un sistema donde el director consigue mover la música de manera más o menos homogénea para llevar a buen puerto la experiencia de ser Uno con el entorno, de intervenirlo de manera pacífica, voluntaria y consciente.

El instrumento estaba formado por

10 contenedores dispuestos en dos pentágonos. El piso de abajo, con agujeros de casi dos metros de diámetro, servía como caja de resonancia, y el de arriba, como campo de acción donde se tensaban las cuerdas y estaban los 10 intérpretes, además de una soprano y un director extraordinario al centro de la pieza. En cada contenedor había una cuerda tensada de extremo a extremo, un intérprete frotaba la cuerda y el otro la tensaba en cierto punto para generar el sonido necesario. Se valió de todo tipo de recursos: cuerda frotada, pulsada, golpes directos al contenedor, martilleos, saltos, incluso voz. Todos estos recursos le agregaban varias capas a la pieza, hacían de la experiencia algo mucho más amplio de lo que pudiera parecer6.

No cabe duda que se trata del producto bien logrado de una profunda investigación, pues para construirlo, tuvieron que averiguar cuáles serían los materiales ideales e incluso las frecuencias óptimas de cada contenedor superior donde estaban colocadas las cuerdas, para favorecer el fenómeno de resonancia.

La instalación visual fue muy llamativa, con carteles llenos de información de muy distinta índole. Además, se tuvo que desarrollar un método de escritura particular, basado en notación tradicional, pero con un toque de color para indicar ciertos tipos de ataque sobre la cuerda o en el cuerpo del instrumento.

No fue sorpresa en absoluto reconocer rostros familiares dentro de los contenedores, pues existe una cofradía urbana de la música contemporánea y eso es bien sabido por todo aquél que frecuente dicho ambiente; fue divertido ver a los ejecutantes valiéndose de su acervo técnico para percutir, raspar y frotar las cuerdas, además de golpear los contenedores con pies y manos e incluso brincar sobre ellos, todo para lograr esa instalación conjunta final.

Una de las críticas que más repetidamente he escuchado, es que faltó explorar el total de posibilidades sonoras del instrumento, pero en todo caso yo podría señalar otras deficiencias en el plano estético de la obra más que en la exploración idiomática de los recursos. Como sea, cabe rescatar ante todo la iniciativa que, como primer paso en nuestro país, resulta un salto significativo hacia el escalón que en el mejor de los casos, habrá de conducirnos hacia la definitiva reconciliación del público con la música más osada.

Una vez dentro del instrumento y siendo muchos menos los que aguantamos hasta el final para presenciar de cerca el fenómeno sonoro integral, el director nos dio una explicación más detallada, aunque breve, de la música que habríamos de escuchar.

Fue entonces que pude constatar el profundo potencial del instrumento y la magnitud de todos sus recursos, primero con la obra Lucio Cruz de la autoría de José Isabel Cruz, con la cual me llevé una grata sorpresa que no pude dimensionar estando afuera. Se trata de un verdadero acercamiento a lo que podríamos llamar simplemente Música Mexicana, así a secas y con M mayúscula de Música y de México, sin destacar etiquetas. Una idea pentafónica desarrollada con respecto a un tiple castizo, posada sobre un ambiente desértico gestado a partir de disonancias profundas, casi imperceptibles; no supe si fueron imprecisiones de afinación o microtonalidad premeditada, pero fue grato rastrear cierto sabor añejo presente en esa música, que hubo de remitirme casi de inmediato al rico crisol de nuestra música tradicional. Ésta es complementada con una búsqueda en la que me atrevería a presumir que es perceptible una continuación personal del camino de compositores tan disímiles, pero de algún modo conectados, como Carlos Chávez y Julio Estrada.

La riqueza y frescura que Jerónimo “el Alvin” García Naranjo imprimió en su partitura Cluster en Fa se debe, desde mi punto de vista, a la integración del cosmos multicolor personal del autor. Ésta logra un resultado interesante en el que es evidente el eco de música que de por sí tiene cierto grado de exploración sonora, como son los casos del grupo británico Radiohead y de la banda islandesa de post-rock Sigur Rós. Todo esto se mezcla con la exploración de la resonancia de los contenedores y las cuerdas. Se trata de una música muy estable que comienza a moverse como arena sobre las dunas, a través de un tejido armónico simple quizá, pero no sólo suficiente sino significativo, cuya culminación es un caos rítmico explosivo y catártico.

La orquesta es quizá un museo que hemos visitado muchas veces, pero no está demás estimular un ambiente en el que proyectos como estos tengan cabida, pues resultan gratamente reveladores. Falta mucho camino por recorrer y sin duda, el futuro habita en la imaginación de las mentes creativas de hoy. O acaso descansa en el instrumento de nuestro inconsciente colectivo, dormido, esperando a que deseemos reinventar poco a poco todo lo que para nosotros significa “la música” desde hace miles de años hasta nuestros días.

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1 ‘Una Instalación sonora creada por, los músicos Jerónimo García Naranjo y José Isabel Cruz Orozco, Huey Mectal o “gran cuerda” en náhuatl. Es un arpa de grandes dimensiones formada por diez contenedores de barco acomodados en pentágono, de dos pisos de altura. Éstos contenedores sirven como cajas de resonancia y suenan por medio de largas cuerdas, de más de veinte metros, que son tocadas con grandes arcos, percusiones y pulsaciones. El público puede circular en el espacio central del pentágono y es envuelto por el sonido’. http://videos.wittysparks.com/id/925160304/. Fecha de acceso: 18/5/2010.

2 Instrumenta Contemporánea es evento organizado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y el Gobierno del Estado de Oaxaca, México. Tiene como finalidad el apoyo a la creación musical contemporánea. Página web: http://www.instrumenta.org/cms/contemporanea2009. Fecha de acceso: 18/5/2010.

3 Centro de Enseñanza de Lenguas Extranjeras – Universidad Autónoma de México.

4 Guarache: tipo de sandalia.

5 Raspados ó raspadillas: conos de hielo comestibles consumidos con jarabe dulce.

6 http://fmx-festivaldemexico.blogspot.com/2010/03/concierto-monumental-delicado-intimo.html. Fecha de acceso: 18/5/2010.

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2009-01-09 12:51:17
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